MUJER MULTIPLE

Ya son las 6 de la mañana y todavía los parpados me pesan, (claro, es antinatural levantarse cuando aún es de noche!) desearía dormir apenas unos minutos mas y aplacar un poco las horas que no dormí. Seguidamente entro a la ducha y noto como se deslizan varias hebras por mi cuerpo, Dios! es mi frágil cabello que al suave roce de mis dedos va cayendo, como escapando de un cuerpo ajeno. Trato de no darle importancia porque me dijeron que es algo “normal” en esta etapa de mi vida. Termino velozmente, porque ya no tengo tiempo de remojarme en la cálida ducha, debo vestirme rápido!. Abro el ropero, hago memoria, e imagino como me quedaría cada prenda levantada al azar. Sin pensar más, empiezo a colocarme un jean que se había infiltrado entre mi “ropa nueva”, vaya! Creo que la lavadora encogió este jean, pienso ilusamente, mientras forcejeo la tela para que pase por mis caderas. Ups! casualmente veo el espejo y creo ver una mujer intrusa dentro de este, que me mira ojerosa y distraída con un jean entre las rodillas y claro… caigo en cuenta que ahora “soy otra”, y empiezo a buscar desesperadamente algo que disimule esos odiosos centímetros de grasa.

Ya son las 6 de la mañana y todavía los parpados me pesan, (claro, es antinatural levantarse cuando aún es de noche!) desearía dormir apenas unos minutos mas y aplacar un poco las horas que no dormí. Seguidamente entro a la ducha y noto como se deslizan varias hebras por mi cuerpo, Dios! es mi frágil cabello que al suave roce de mis dedos va cayendo, como escapando de un cuerpo ajeno. Trato de no darle importancia porque me dijeron que es algo “normal” en esta etapa de mi vida. Termino velozmente, porque ya no tengo tiempo de remojarme en la cálida ducha, debo vestirme rápido!. Abro el ropero, hago memoria, e imagino como me quedaría cada prenda levantada al azar. Sin pensar más, empiezo a colocarme un jean que se había infiltrado entre mi “ropa nueva”, vaya! Creo que la lavadora encogió este jean, pienso ilusamente, mientras forcejeo la tela para que pase por mis caderas. Ups! casualmente veo el espejo y creo ver una mujer intrusa dentro de este, que me mira ojerosa y distraída con un jean entre las rodillas y claro… caigo en cuenta que ahora “soy otra”, y empiezo a buscar desesperadamente algo que disimule esos odiosos centímetros de grasa.
Me siento, dispuesta a colocarme algo de maquillaje que disimule esas malditas ojeras, cuando exaltada debo soltar el bote de maquillaje, ya que un llamado agudo y desesperado grita mi nombre (o al menos creo oírlo), corro, mejor dicho, vuelo a su encuentro, lo levantó para consolarlo y me doy cuenta que huele apestosamente, seguramente el pobre estuvo horas envuelto en su propio “popó”, Será que no lo escuché? Tal vez me distraje toda la noche cuidando a su hermana que no para de toser (tendrá la gripe A(H1N1)?). Sintiéndome culpable, le cambio y le ofrezco su alimento diario que a regañadientas acepta, como incriminándome el hecho de que en mi ausencia debe conformarse con un pedazo de plástico (es raro, todos los hombres con quienes estuve se veían contentos, como este pequeño hombrecito me rechaza?)
De repente debo soltar al hombrecito y acudir al llamado de la hermana que llora por el dolor que le produce la fiebre. Ay que llevarle al médico!, le digo al hombre que me mira con cierto reproche (claro, fui yo, quien se olvidó llevarle una chompa “extra” aquella mañana “soleada”) y le imploro que se de tiempo para llevarla al doctor, total es su “mimada”.
Ya son las 7:45. La mimada sigue llorando y no quiere sacarse el pijama, el pequeño hombrecito también reclama atención con balbuceos de inconformidad (parece que otra vez se hizo popó) y el “hijo grandulón” protesta porque su camisa no esta planchada y no hay pan para desayunar, mientras mi mente divaga queriendo recordar algo, ummm… probablemente llegue tarde al trabajo y con lo mucho que hay que hacer…, falta algo…. Dios! el “mocoso rebelde” todavía no fue al colegio!. Por suerte al menos ya aprendió a vestirse (obvio ya tiene 10 años), y lo veo pasivamente alistando su mochila. Lo miró sonriente y miro disimuladamente las cosas que introduce: juguetes, un celular que quien sabe de donde proviene, la navaja de su padre y algunas “joyas” (o al menos eso cree él) mías. Oye mocoso! le grito espantada, mientras él me mira indiferente, sin sentir apenas una ápice de temor (claro, nunca tuve el valor de reprenderlo “en serio”, por eso ahora “dicen” que es un malcriado) En fin… dejo como siempre que haga lo que quiera, si apenas tengo tiempo para disimular mis grasas y mantener limpio al pequeño hombrecito, menos voy a tenerlo para discutir con un caso perdido.
Escucho a lo lejos el sonido del auto, el hijo grandulón se va al trabajo, seguramente llegará tarde porque tardó media hora en planchar su camisa y esperó otro tanto a que le prepare el desayuno. Lo peor es que olvidó a la mimada que sigue llorando desconsoladamente. Diablos!, no queda otra que pedir socorro, y lo primero que pienso es en la figura materna que a todos nos ampara en momentos difíciles…, y escucho en mi mente la dulce voz de mi madre diciendo: …. Mierda que eres una descuidada! Como puedes tener a tu hija asi???!! déjala que yo la cuido (un cuidado de por vida tal vez) Entonces vuelvo a la realidad y pienso en la figura odiosa de mis suegros, quienes hipócritamente sonrientes dicen aceptar con gusto llevar a la mimada al doctor. Pienso que no hay de otra, total!, sería apenas un motivo más para que me critiquen, y un motivo más para quedar en deuda con ellos, lo cual les satisface enormemente.
Salgo corriendo intentando coger de la mano al “mocoso rebelde” mientras el pequeño hombrecito va resbalando por mis brazos; en un hombro cuelga la mochila de 4 kilos de contenido incierto y en el otro, el bolso cargado de provisiones para un regimiento de “necesidades”.
Por fin, logro tomar un taxi que se “estaciona” en media avenida. Corro a el, intentando alcanzar al mocoso rebelde que ya cruzó la avenida dos veces. Dentro el taxi, surge un instinto pasado y busco en el bolso de provisiones mi espejo. Extrañamente lo encuentro en la mochila del mocoso rebelde (vaya…. un niño coqueto? Supongo que es “normal”) y desesperadamente lo tomo y caigo en cuenta que nunca terminé de maquillarme, es más, ni siquiera me peiné. Mis ojos están hundidos, mi piel se ve pálida y enferma…. Me veo un espanto…Y veo al pequeño hombrecito todo gordo, rosado y reluciente… eso es lindo y me da alegría (y envidia también) Y el mocoso rebelde me miente y dice que soy la mujer mas linda! (este será un truhán con la mujeres) eso me saca una sonrisa.
Dejo al mocoso rebelde en el colegio con mil advertencias y castigos, lo cual apenas escucha, probablemente esperará algunos minutos en la puerta para luego huir como un delincuente con extrañas amistades. Sigo camino a la guardería, el pequeño hombrecito me mira con ojos de cachorro abandonado, lo cual obviamente me da tristeza. Que mas puedo hacer? Le digo, así es la vida y ya es hora de que aprendas a valerte por ti mismo. El chilla, mientras le entrego en brazos de una desconocida que lo abriga con cariño disfrazado de codicia.
Ya son las 8:30 y estoy media hora retrasada al trabajo, lo cual apenas me importa, me preocupa más la mimada que desde que nació es muy enfermiza y que seguramente me dará otra mala noche; el mocoso rebelde y su falta de respeto, que puedo hacer?, nunca pude castigar a mi perro, peor aún a un chiquillo de sonrisa rosa,… acaso por mi culpa se volverá un delincuente? (pienso en el futuro y me da escalofríos). Ojala el pequeño hombrecito sea mas gentil y educado, ojala la guardaría y el colegio lo eduquen mejor. Y el “hijo grandulón”?... (ya no queda tiempo para pensar en él) al menos ojala suceda un milagro y deje de roncar por las noches!
Tanto divagar con esos seres dependientes que son la razón de mi existencia, no doy cuenta que me encuentro en plena avenida!, lo cual me aterroriza porque siempre creí que moriria entre fierros y ruedas. No pasa mucho tiempo, para escuchar un estruendo seguido de un empujón, cierro los ojos y ya no pienso en mi vida, solo pienso en la vida de esos 3 retazos. Que será de sus vidas? Que tonta soy! Como se me ocurre morir justo cuando mas me necesitan!?
Un sospechoso silencio invade el lugar… (espero que haya habido un error y este en el cielo) y siento unos labios pegados a los míos, seguramente alguien intenta revivirme (ojala al menos sea un hombre atractivo). Despierto y era el hijo grandullón que me había dado un beso. Extrañamente luego del accidente estoy en mi cama. Seguramente no fue tan fatal, pienso, seguramente solo me desmayé y él me trajo a casa.
Me levanto callada y confundida, acaso esta amaneciendo? El hijo grandullón me mira extrañado y nota algo de angustia, solo me dice que todo esta bien. Me apuró para atender a los 3 retazos, pero para mi sorpresa el hijo grandullón ya los había llevado a sus respectivos enclaustros.
Calmada voy a la ducha y tardo al menos media hora bajo el cálido chorro cristalino. Luego, como siempre, levanto alguna prenda al azar y para mi sorpresa me queda mejor que el día anterior!, sin protuberancias que rebalsen por los lados! Pienso que seguramente estuve en coma meses, lo cual hizo que baje varios kilos. Luego, empiezo a maquillar una piel más suave y unos ojos que extrañamente se ven más grandes. Miro al espejo varios minutos y una mujer de tacones altos y ropa ajustada me sonríe con aura pasiva pero pícara, al parecer la muy coqueta tiene una cita de aventura insospechada que incluye piel, fuego y sensaciones.
Me voy al trabajo y llego algunos minutos antes del horario de entrada, mi compañera aún no llega a pesar que hay mucho por hacer. Media hora mas tarde, la veo entrar, agitada y asustada. Me cuenta que estuvo a punto de sufrir un accidente, yo la miro alarmada y trato de calmar su angustia con palabras inútiles de aliento. Luego, sin necesidad de mas relatos sus ojos ojerosos se llenan de lágrimas de impotencia, de preocupación, de madre….
Y yo me pongo a pensar si tan solo fue un SUEÑO o una TEMIBLE PESADILLA…
CONTINUARA….
Este post se hizo en base a hechos reales, y se lo dedico a ella, la “mujer múltiple” que trabaja 10 horas en la oficina y 14 en su casa. La que se siente culpable y además es criticada por no ser una "especialista en maternidad"… Pues nunca había visto tan de cerca que ser madre implica olvidarse de uno mismo…
